Tres de la mañana… por lo poco que en realidad se de ti sospecho que aún estarás despierto. Escribiendo algo que nunca me dedicarás. Pero yo sí te escribo estas, producto de la pérdida del sueño, del deseo, de la abstinencia… Se que las leerás en silencio y que después de dejar un sucinto comentario, ocasionalmente me recordarás.
Porque debes creerme que te quiero. Que te quiero bien.
No, espera. Quizás lo correcto sea preguntar: “¿Por qué debes creerme que te quiero? ¿Que te quiero bien?” Si, así es mejor. ¿Por qué?
Entre nosotros solo palabras y de esas el 99% del tiempo yo solo leyéndote. Se que habría más, (podría haber más) pero más bien se que habrá recelo, se que desconfiarán. Y eso que no comparten mis noches imaginando lo que seria, inventando historias y situaciones que nunca ocurrieron y que nunca serán. Pero es que he sentido necesidad, como cualquier humana en algún momento, de que sepas… que aunque no susurro tu nombre en tu oído, tú si lo haces en el mío, que aunque no sepa del calor de tus brazos, yo te guardo los míos, que aunque no te enojes, no te hago reproches…
Porque debes creerme que te quiero. Que te quiero bien.
No, espera. Quizás lo correcto sea preguntar: “¿Por qué debes creerme que te quiero? ¿Que te quiero bien?” Si, así es mejor. ¿Por qué?
Entre nosotros solo palabras y de esas el 99% del tiempo yo solo leyéndote. Se que habría más, (podría haber más) pero más bien se que habrá recelo, se que desconfiarán. Y eso que no comparten mis noches imaginando lo que seria, inventando historias y situaciones que nunca ocurrieron y que nunca serán. Pero es que he sentido necesidad, como cualquier humana en algún momento, de que sepas… que aunque no susurro tu nombre en tu oído, tú si lo haces en el mío, que aunque no sepa del calor de tus brazos, yo te guardo los míos, que aunque no te enojes, no te hago reproches…
En realidad he escrito casi 200 palabras para confesar que perdería parte de mi vida por respirar en tu cuello, porque me acariciaras el pelo… y me dijeras “te espero”.
